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 La mejor Historia De Amor

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Deidarahs
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MensajeTema: La mejor Historia De Amor   15/06/09, 01:27 pm

Eran las 7.30 de la mañana de un lunes. Estaba nublado y hacía frío. Jana hubiera preferido quedarse acurrucada en lo acogedor y calentito de su cama, sin embargo tenía que ir a trabajar. Bajó las escaleras apresuradamente, ya que llegaba tarde y salió a la calle. El aire helado le dio los buenos días en su rostro adormilado y su boca se torció en una mueca de desagrado al recibirlo. Definitivamente los lunes eran el peor día de la semana. Escondió la cara bajo la bufanda que llevaba torpemente anudada al cuello y apresuró el paso. Pronto llegó a la explanada donde se encontraba su coche aparcado. Se acercó por detrás y vislumbró un papel sujeto por el parabrisas delantero. - ¡Estoy harta de que me dejen porquería de propaganda!- exclamó malhumorada mientras se dirigía hacia el parabrisas para extraer el papel y estrellarlo contra el suelo. Pero hubo algo que la detuvo al recogerlo, aquello no era propaganda, estaba escrito a mano:
" Moraba en las sombras y una luz me deslumbró. He llegado hasta aquí siguiendo el brillo de tu alma."

Jana pestañeó varias veces, atónita ante lo que acababa de leer. No había firma, ni nada que indicase quién podría haber escrito aquellas palabras. Instintivamente alzó la vista y miró en todas direcciones a su alrededor a ver si veía a alguien, pero allí no había nadie. Pensó que tal vez sería una broma y observó los parabrisas de los coches contiguos a ver si hallaba una nota similar, pero no vio nada. Se quedó pensativa unos instantes y de pronto se dio cuenta de que llegaba tarde a trabajar. Se guardó la nota en el bolsillo del abrigo, entró en el coche y se dirigió a su trabajo.
Había sido un día extraño. En la oficina se habían estropeado los ordenadores y apenas habían podido trabajar. Las visitas a la máquina de café habían sido constantes y había tenido mucho tiempo para dejar volar la mente. No sabía por qué, pero no podía dejar de pensar en la misteriosa nota que había encontrado esa mañana. Después de darle muchas vueltas a la cabeza estaba comenzando a pensar que fuera quien fuera el que hubiera escrito aquello, realmente se lo había escrito a ella.

Al día siguiente Jana llegaba tarde de nuevo al trabajo, como ya era costumbre. Al fin y al cabo madrugar no estaba hecho para ella. Se dirigió a su coche casi dando zancadas por la acera mientras le mandaba un sms a su compañera de trabajo para que le cubriera las espaldas. Llegó al coche al mismo tiempo que guardaba el móvil en el bolso y al alzar la vista de nuevo sus ojos quedaron fijos en el parabrisas. Un pedazo de papel blanco... le habían dejado otra nota:
" No estás sola. Dondequiera que vayas mis silencios te siguen."

Las manos le temblaron al terminar de leer la frase. Se quedó paralizada unos instantes intentando digerir lo que acababa de leer. Como el día anterior, observó a su alrededor pero no vio a nadie. Ignorando que llegaba tarde a trabajar, abrió el coche, se sentó en el asiento, encendió el reproductor y el cd que había en su interior comenzó a sonar. Escuchar esa música familiar la tranquilizó por unos instantes. Con la nota entre los dedos se recostó en el asiento y volvió a leerla pausadamente como intentando ver más allá de cada palabra, intentando atravesar el papel con la mirada y encontrar un significado a aquello que estaba ocurriendo. De pronto un pensamiento fugaz le recorrió la espalda como un escalofrío. - ¿Y si es un loco?... ¿Me vigila? ¿de dónde ha salido...? - Los pensamientos comenzaron a sucederse unos a otros y por un momento sintió que la cabeza le iba a estallar, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Por si acaso, y ante tales meditaciones, decidió cerrar el coche por dentro. "No estás sola..." decía la nota. ¿Qué sabía nadie si se sentía sola o no...? Se irritó al releer esas palabras pero en el fondo no podía mentirse a sí misma. Sí, era cierto, se sentía sola desde hacía mucho tiempo, pero eso era algo que intentaba no mostrar al mundo. Cerró los ojos y dejó que la música llenase todo el espacio que la rodeaba. No quería seguir pensando en todo aquello, pero su mente seguía trabajando a un ritmo vertiginoso y no podía parar de fabricar hipótesis con respecto a aquellos mensajes misteriosos... De súbito, el sonido del móvil la sacó de sus pensamientos. Su compañera la estaba llamando; hacía más de una hora que debería estar en su puesto de trabajo. Sin embargo, dejó que el teléfono sonase repetidas veces hasta que la melodía cesó.
Acurrucada en su cama y bajo una pila de mantas, Jana miraba al techo de su habitación. No le gustaba la idea de haberle mentido a Sandra, su compañera de trabajo; al fin y al cabo se había convertido en una de sus mejores amigas desde que entró a trabajar allí. Pero no se veía con ánimos de contarle la verdad, de hablarle de cómo se sentía y de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Simplemente se inventó un resfriado y decidió ausentarse del trabajo y del mundo por unos días. Lo necesitaba, necesitaba tiempo para ella misma. Y aunque le costaba reconocerlo esos mensajes habían sido, en parte, lo que le había llevado a tomar esa decisión. Por un lado sentía temor al pensar que alguien seguía sus pasos y se atrevía a dejarle mensajes anónimos, pero por otro lado la curiosidad le recorría el cuerpo imaginando quién sería el autor de aquellas palabras.

Esa noche, no podía dormir. Había algo en el ambiente que la hacía sentir intranquila. Llevaba todo el día dándole vueltas a la cabeza. Sandra la había llamado por la tarde para ver como se encontraba y ella le había vuelto a mentir vilmente. Y lo que le dolía no era la mentira en sí, sino el hecho de no ser capaz de abrirle su corazón a nadie, ni siquiera a su mejor amiga. Sumergió la cabeza bajo la almohada y maldijo entre dientes. La habitación parecía encogerse poco a poco sobre ella y sintió que le faltaba la respiración. No podía más. Bajó de la cama, se vistió, cogió las llaves del coche y salió al frío de la noche.
Eran alrededor de las 2 de la madrugada y las calles estaban desiertas. Hizo el recorrido de costumbre hacia su coche y llegó enseguida. Una vez dentro del coche puso rumbo a su lugar favorito. La carretera serpenteaba a través de los campos, únicamente iluminada por los faros del vehículo y la luz de la Luna que comenzaba a asomar detrás de una enorme nube. El sentimiento de desesperación que la había poseído minutos antes en su habitación, comenzó a transformarse en serenidad a medida que avanzaba. Pronto vislumbró el camino de tierra y giró a la derecha para continuar por él y seguidamente aparcar tras unos matorrales. Se bajó del coche y se encaminó hacia el sonido de las olas del mar mientras hundía los pies en la arena. Las olas rompían una y otra vez tan solo a unos pocos metros y la luz Lunar se reflejaba en al agua. Por fin se sentía en calma consigo misma, aunque solo fuera
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por unos instantes.

Se quitó el abrigo, lo depositó sobre la arena y se tumbó encima. Sobre ella se erguían la Luna y las estrellas que parecían observarla desde lo alto... Cerró los ojos por un momento y comenzó a rememorar todas aquellas veces en las que anteriormente se había cobijado en aquel lugar de paz para los sentidos. Momentos buenos y momentos malos llegaron a su mente como si de una película se tratase. Pero el conjunto le hizo sentir bien. Al fin y al cabo todos esos momentos habían formado parte de su vida y eso es lo que cuenta. Sonrió para sus adentros ante ese sentimiento mientras notaba como el sueño se iba apoderando poco a poco de su ser, como si el propio Morfeo se encontrase sobre ella cubriendo sus ojos lentamente de arena...
De repente un ruido extraño la sacó de su trance. Unos metros más allá, tras los matorrales del fondo se había movido algo. Jana se incorporó de golpe y aguzó la vista intentando vislumbrar algo en la oscuridad pero desde donde se encontraba no alcanzó a ver nada. Se puso de pie con el corazón latiendo apresuradamente e intentó no hacer ningún ruido para escuchar mejor, pero tampoco escuchó nada. Enloquecida de miedo comenzó a mirar a todas partes mientras corría torpemente a través de la arena camino del coche. Cuando lo alcanzó, entró apresuradamente y cerró todas las puertas. Su respiración era agitada y sentía que se le iba a salir el corazón del pecho. Intentó tranquilizarse hablándose en voz alta a sí misma: - No ha pasado nada, no hay nadie, lo has imaginado. Ves, no hay nadie, quién iba a venir aquí a estas horas...? Mira a tu alrededor, ves, no hay... - Se quedó inmóvil y no pudo pronunciar una palabra más. Fuera del coche y delante de ella, bajo el parabrisas, había un papel blanco.

Permaneció durante unos instantes absorta con la mirada clavada en el trozo de papel. ¿Qué estaba pasando?¿Quién había dejado aquella nota?¿Estaría todavía allí? Los pensamientos comenzaron a bombardear su cabeza y tuvo que hacer grandes esfuerzos por serenarse. Decidió que lo mejor era arrancar el coche y salir de allí lo antes posible. Y así lo hizo. Mientras ponía rumbo de nuevo a su casa, no podía apartar la vista del papel que se balanceaba levemente ante sus ojos mecido por el viento. A los pocos minutos llegó a la explanada de siempre y aparcó en el primer sitio que encontró. Se armó de valor, bajó del coche, lo cerró y sustrajo la nota del parabrisas para seguidamente salir corriendo hacia su casa. Una vez en la seguridad de su habitación se tumbó sobre la cama con la respiración aún entrecortada y leyó el mensaje:
" Esta noche la Luna me habló de tus ojos."



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MensajeTema: Re: La mejor Historia De Amor   15/06/09, 01:28 pm

Le pegó un vuelco el corazón. El autor de aquellos mensajes había estado allí, observándola... y aquellas palabras... la Luna... Sintió que el pánico anterior se transformaba en algo diferente, algo que le subió desde el estómago y comenzó a teñirle las mejillas de un tono rojizo. Se sentía turbada. Fuera quien fuese no pretendía hacerle daño, porque de ser así había tenido la oportunidad y no lo había hecho. Llegó a esa conclusión y determinó que era lo que quería creer. Su parte racional le decía que no podía estar segura de eso, pero su corazón le estaba susurrando muchas cosas en esos momentos y hablaba más alto que su conciencia.
Sábado por la noche. Jana intentaba leer un libro bajo la tenue luz de la lamparita de su habitación, pero estaba demasiado inquieta para concentrarse en la lectura. Apenas había logrado conciliar el sueño desde su escapada a la playa y su posterior huída... Si seguía dándole vueltas a la cabeza se iba a volver loca. Cerró los ojos y los apretó con todas sus fuerzas deseando desterrar los pensamientos de su cabeza y de pronto una figura le vino a la mente: Sandra. - Llamaré a Sandra y se lo contaré. No puedo más, necesito hablar de esto con alguien.-

Sandra aceptó de buen grado la idea de quedar esa noche y le propuso salir a tomarse unas copas. Lo único que Jana deseaba era dejar de pensar y despejar la mente, aunque solo fuera por unas horas, así que el plan le pareció perfecto. Se puso un vestido estampado, de color negro con motivos violetas y lo acompañó de unos zapatos negros de charol. Se arropó con un chal, puesto que la noche no era excesivamente fría y se dispuso a salir. En pocos minutos caminaba escalera abajo para salir a la calle. Abrió la puerta y la noche la recibió. La calle estaba desierta, solo se oía el sonido de sus tacones al contacto con la acera. Iba decidida hacia el coche, dibujando en su mente el recorrido que debía realizar hasta llegar a casa de Sandra para recogerla, cuando un pensamiento fugaz se cruzó en medio de su mapa mental y ella se detuvo a pocos metros de su coche. ¿Y si había otro mensaje? Desde el incidente de la playa no había vuelto a coger el coche... Se acercó lentamente al vehículo y para su sorpresa observó que no había nada en el parabrisas. Se sorprendió más aún al darse cuenta de que la tranquilidad y la decepción la embargaban por partes iguales.
Pronto llegaron a la discoteca. Se sentaron en una mesa apartada donde pudieran charlar tranquilamente. Jana no sabía como empezar a narrar los acontecimientos de aquellos días y Sandra la miraba expectante mientras ésta iba dando rodeos al tema sin aportar datos importantes. Al fin, después de dos horas y de cuatro mojitos Jana había terminado de relatar lo ocurrido a su amiga, la cual la miraba con una sonrisa. - Si no te conociese, diría que te estás enamorando.- dijo Sandra mientras le daba un sorbo a su copa. Jana se apresuró a negar repetidas veces mientras notaba como un cálido rubor subía por sus mejillas. - Enamorarme... - pensó - ¿de quién? ¿de un fantasma?- Lo cierto es que se sentía mucho más aliviada después de haberlo compartido con Sandra y el resto de la noche se dejó llevar disfrutando de la música en la pista de baile.

Eran más de las 4 de la madrugada cuando salieron del local. Comenzaba a llover tímidamente y se apresuraron en llegar al coche antes de que se desatase la tormenta que no tardó en llegar. Llovía a cántaros. El coche de Jana se deslizaba por la autopista mientras sus ocupantes escuchaban música, que sonaba a todo volumen llenando los rincones. De pronto, el motor comenzó a emitir unos ruidos extraños y el coche dejó de responder hasta detenerse por completo. Jana intentó arrancar de nuevo, pero no hubo forma. Después de varios intentos sin éxito, le dirigió una mirada de preocupación a Sandra: se habían quedado tiradas en plena autopista.
Tras algunos segundos de confusión Jana decidió salir del coche para poner el triángulo de seguridad mientras Sandra llamaba a la grúa. Seguía lloviendo con más intensidad que antes. Los minutos se fueron sucediendo unos a otros. Ya eran casi las 6 de la madrugada y no había ni rastro de la grúa. Jana y Sandra permanecían en el interior del vehículo observando como las gotas de lluvia golpeaban contra el cristal. En un intento desesperado, Jana hizo girar la llave para tratar de arrancar de nuevo y el motor pareció responder. Hizo otro intento y esta vez funcionó. Aceleró un par de veces para cerciorarse de que el coche respondía y se volvió con una sonrisa hacia su amiga: podrían marcharse por sus propios medios. Así que, mientras Sandra llamaba para anular la petición de grúa, Jana volvió a bajarse del coche y se encaminó a retirar el triángulo que se encontraba unos metros más allá. El tiempo que estuvo fuera del vehículo fue suficiente como para que regresase completamente empapada.

10 minutos después Sandra estaba en su casa y Jana buscando aparcamiento en la explanada de siempre. Pronto encontró un lugar donde aparcar. Había dejado de llover y quedaba poco para el amanecer. Permaneció durante unos instantes recostada en el asiento dejándose llevar por la música y observando las nubes violáceas que anunciaban que dentro de poco saldría el Sol. Había sido una noche extraña pero intensa. Con estos pensamientos, abrió la puerta para bajarse del coche y aún no había puesto los dos pies en el suelo cuando se quedó petrificada.
Un deportivo plateado estaba parado justo detrás de su coche, cortándole el paso y de él acababa de bajar una figura masculina que en esos momentos la traspasaba con la mirada. Jana puso el otro pie en el suelo y se observó a sí misma. Aún estaba empapada. Notaba como el agua que cubría sus cabellos le resbalaba por el rostro y la espalda, y el vestido se le ceñía al cuerpo marcando el contorno de su figura. Aquellos ojos la estaban mirando fijamente, deleitándose con el espectáculo de su piel mojada. Se sintió torpe e indefensa bajo la inspección de aquella mirada. Tímidamente, ella le miró de arriba abajo sin atreverse a detener la mirada en su rostro. Cerró su coche y caminó unos pasos hacia él esperando que la dejase pasar. Él, apoyado en la puerta abierta del deportivo, continuaba devorándola con la mirada. Al ver que él no hacía ademán de apartarse para permitirle el paso, Jana se detuvo a pocos metros. - ¿Quieres ir a ver amanecer? - le preguntó el desconocido clavándole la mirada.

¿Quién era?¿Qué hacía allí?¿Por qué la miraba de esa forma?... Las preguntas comenzaron a agolparse en su cabeza. Sintió que todo le daba vueltas por un momento, como si todo aquello no fuese real, sino tan solo un espejismo fabricado por su mente... Pero su corazón le estaba hablando por encima de todas sus preguntas, le estaba diciendo quien era. Era aquel que últimamente le quitaba el sueño por las noches, aquel que había leído en su alma, aquel que le había dejado aquellos misteriosos mensajes... Su corazón palpitaba con fuerza y las sensaciones iban confluyendo tan aceleradamente como el ritmo de sus latidos. El extraño la observaba expectante haciéndole un gesto de invitación para que entrase en el vehículo. Ella lo miró por primera vez a los ojos y sin mediar palabra, entró en el coche.
Mientras él conducía, Jana miraba por la ventana intentando no cruzar la mirada con la de él. Ella notaba como de cuando en cuando él la observaba sin ningún tipo de disimulo y eso la puso más nerviosa de lo que ya estaba. Pero... ¿cómo no iba a estar nerviosa? Se había subido al coche de un desconocido y ni siquiera sabía a dónde se dirigían. Fríamente, aquella situación era una auténtica locura. Su parte racional le decía a gritos que había sido una decisión descabellada, sin embargo, no se arrepentía de estar donde estaba. El asiento de cuero bajo su piel mojada le hizo estremecerse de frío y comenzó a temblar. Entonces se percató de que se había dejado el chal en su coche y sus ropas aún continuaban empapadas. De pronto el deportivo se detuvo. Estaban en el mismo lugar del cual ella había salido huyendo unas cuantas noches antes: su rincón favorito de la playa.

Estaba a punto de salir el Sol. Él aparcó el coche y salió fuera sin decir nada. Ella se quedó absorta dentro del vehículo observando como él se alejaba por la arena hasta que lo perdió de vista. -¿Qué estoy haciendo aquí?- reflexionó por un momento. En el horizonte una luz rosada anunciaba la inminente salida del Sol. Era una visión preciosa. Se quedó unos segundos contemplando el amanecer y se acurrucó en el asiento. Estaba temblando de nuevo, tenía mucho frío. Miró por la ventana por si lograba atisbar donde había ido su extraño acompañante, pero no logró verlo. ¿Dónde estaría? Se quedó dubitativa un instante. Después, se asomó al asiento de atrás del coche y le pareció bastante más confortable, así que saltó por encima del cambio de marchas y se dejó caer en el asiento acomodándose lo mejor que pudo para no sentir tanto frío.
El ruido de la puerta abriéndose junto a su cabeza y el frío que entró a través de ella la despertaron. Se había quedado dormida. ¿Cómo podía haberse quedado dormida en aquellas circunstancias? Solo habrían sido unos minutos tal vez... pero no lograba explicárselo. Cierto era que había sido una noche con demasiadas emociones y llevaba varios días sin dormir apenas, seguramente habría cerrado los ojos un momento y el sueño había podido con ella. Se incorporó inmediatamente al ver que junto a la puerta abierta estaba él observándola con una sonrisa extraña en los labios. Entró en el coche, se sentó junto a ella y cerró la puerta. Jana se deslizó lo más que pudo hacía la puerta que tenía a su derecha con tal de mantener la mayor distancia posible entre sus cuerpos. Él la observó divertido. - Hacía mucho tiempo que no veía amanecer.- le dijo. Ella asintió con la cabeza sin mirarle. Había algo en su voz que le transmitía una sensación de calma... Incapaz de dirigirle la mirada se puso a mirar por la ventana que tenía a su lado sintiendo como él volvía a atravesarla con sus ojos oscuros.

Transcurrieron unos minutos de silencio que para Jana parecieron horas y finalmente ella se decidió a lanzarle una mirada furtiva. Al girarse se encontró de lleno con los ojos de él. El rubor cubrió sus mejillas repentinamente y bajó la mirada sintiendo como la vena del cuello le palpitaba desbocadamente. - Supongo que tendrás muchas preguntas. - comenzó a decir él - pero todo a su tiempo. Por lo pronto si no te importa te llamaré Ninfa. Sé cual es tu nombre, pero prefiero llamarte así. Es el nombre que tienes en mis sueños - Jana comenzó a asimilar las palabras en su cabeza. ¿Conocía su nombre o solo estaba jugando con ella? No podía ser... ¿cómo podía saber tantas cosas, incluso donde encontrarla...? Ninfa... quería llamarla Ninfa. La verdad es que le parecía un nombre precioso, propio de alguna de las protagonistas de sus relatos de fantasía. Todo aquello tenía más de fantasioso que de real, sin embargo la voz de él sonó muy real cuando pronunció su nombre. -¿¿Jana?? ¿Prefieres que te llame por tu nombre?- Le pegó un vuelco al corazón al oír su nombre en labios de él. La sorpresa fue tan grande que no pudo evitar mirarlo fijamente sin lograr ocultar el desconcierto que le corría por las venas. Él sonrió. - ¿Y a ti cómo debo llamarte?- preguntó ella en un tono casi inaudible. - Puedes llamarme Diego.- dijo él.
Diego permanecía recostado en el asiento con la vista en algún punto del horizonte mientras Jana continuaba en su rincón mirando por la ventana. Aquella situación se estaba volviendo cada vez más absurda. Ella se sentía extraña e incómoda sin atreverse a mirarle ni mediar palabra. Él, sin embargo aparentaba estar tan tranquilo, como si fuese una situación de lo más normal. Jana intentaba imaginar que sería lo que le estaba pasando por la cabeza en aquellos momentos. Su vestido aún estaba bastante húmedo y el frío comenzó a calarle de nuevo por los huesos, por lo que comenzó a temblar involuntariamente. Él volvió la vista hacia ella y la miró tiritar como una hoja mecida por el viento en otoño. Se aproximó lentamente y le dijo: - Siento no tener nada para cubrirte del frío, pero si te acercas podría darte calor. - Jana le miró de soslayo un instante y se ruborizó súbitamente. Él permaneció junto a ella. Ella siguió temblando sin mirarle y se rodeó el cuerpo con los brazos intentando mitigar el frío. - ¡¿Has visto como brilla el Sol sobre el agua?!- exclamó él mientras se inclinaba para señalar el paisaje. Jana se incorporó un poco y se inclinó para observar mejor, pero no tuvo tiempo de ver nada. Antes de que pudiera reaccionar, la mano de Diego la cogió de la muñeca, la hizo caer hacia un lado y cuando quiso darse cuenta estaba atrapada entre sus brazos.

El intenso perfume de hombre se le colaba por las fosas nasales casi inconscientemente aturdiéndole levemente los sentidos, mientras permanecía recostada sobre el pecho firme de Diego. Sin atreverse a moverse, cerró los ojos. Sentía como los brazos de él la rodeaban con firmeza, como si no quisieran dejarla escapar. Por unos instantes se planteó la idea de desprenderse de su abrazo y volver al rincón, pero realmente no quería hacerlo. En aquellos momentos no podía imaginar un lugar mejor que los brazos de aquel extraño. Él la estrechó con más fuerza mientras comenzaba a acariciarle el cabello. Ella permaneció con los ojos cerrados dejándose llevar por el torbellino de sensaciones. Ya no tenía frío, todo lo contrario, le ardía el alma. -¿Sabes?- susurró él junto a su oído - No te imaginas cuánto tiempo hace que deseaba tenerte así.- Oír esas palabras le provocó una punzada en el estómago. Él la apretó contra su pecho con fuerza dejando entrever el inmenso anhelo en su abrazo. Anhelo... el mismo que ella había sentido durante tanto tiempo, el anhelo de unos brazos... ¿los brazos de Diego? Por un instante se sintió como una niña indefensa en brazos del desconocido. Se acurrucó un poco más sobre el pecho de Diego para sentir su calor y pudo oír la respiración agitada y el latir acelerado de su corazón. A decir verdad el corazón de Jana también latía aceleradamente, cada vez más.Recostada sobre él, parecía que sus latidos fueran a fundirse a través de sus cuerpos.
Los rayos del Sol se colaban a través de la ventana trasera del coche. La luz se posó sobre los ojos cerrados de Jana que permanecía en silencio abandonada a los abrazos de Diego. Abrió los ojos lentamente y miró a su alrededor por un momento. El brazo musculoso de él la rodeaba por la cintura mientras con el otro le sostenía la cabeza acomodada en su pecho. Ya era completamente de día, a decir verdad había perdido la noción del tiempo. Inclinó un poco la cabeza sobre el brazo de Diego, alzó la vista y se encontró con sus ojos. Irradiaban un brillo que no había visto nunca. Se quedó mirándole a los ojos sin temor alguno durante algunos instantes. Luego se volvió a acurrucar en su pecho y cerró los ojos. ¿Qué estaría pensando él en aquellos momentos? Al fin y al cabo ella ni siquiera le había devuelto los abrazos. Su cuerpo permanecía inerte mientras él la colmaba de ternura. Pero es que no era capaz de asimilar sus sentimientos. Todo había ocurrido muy deprisa, casi sin darse cuenta. Por unos instantes sintió el irrefrenable deseo de rodearlo con sus brazos fuertemente, como había hecho él antes, de transmitirle un millón de sensaciones que llevaba dentro, pero no se atrevió.



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MensajeTema: Re: La mejor Historia De Amor   15/06/09, 01:28 pm

Y otra vez
Las 10 de la mañana. Dos siluetas dormían plácidamente en el asiento trasero de un deportivo. Jana abrió los ojos. Estaba tumbada sobre el regazo de Diego. Éste, aún dormía recostado sobre el asiento mientras le pasaba un brazo por encima. Se incorporó un poco intentando no despertarle y le observó de cerca. Ese era el autor de aquellas palabras que le habían llegado al corazón y ahora estaba allí mismo, respirando acompasadamente junto a ella... Miró sus ojos cerrados y deseó que estuvieran abiertos de nuevo mirándola como lo habían hecho antes. Deseaba volver a sentir esos profundos ojos sobre ella, esos ojos que le habían dicho tantas cosas... Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de que inconsciente había comenzado a acariciarle la nuca con las yemas de los dedos. Le gustaba el contacto con su piel y siguió acariciándole hasta que él abrió los ojos. Sus miradas se encontraron. En la mirada de Diego se reflejó el desconcierto por una milésima de segundo al despertar sintiendo los dedos de Jana bajo su cuello, luego se puso muy serio. Jana se quedó aturdida y cesó las caricias. Él la miraba fijamente con el semblante serio. ¿Por qué la miraba así? ¿En que estaba pensando? Se puso rígida y se quedó inmóvil aguardando algún tipo de reacción por parte de él, pero no ocurrió nada. Él simplemente la miraba, sin apartar la vista y ella sintió que sus mejillas volvían a tornarse nuevamente de color carmesí. ¿Qué querrían aquellos ojos? Pero no tuvo tiempo de dejar volar más sus pensamientos, puesto que Diego comenzó a inclinarse sobre ella hasta estar a la altura de su rostro, y entonces la besó. Fue un beso lento, suave, cálido... Jana abrió los ojos a la vez que Diego retiraba sus labios y se miraron unos instantes antes de que él volviese a posar sus labios sobre los de ella. Esta vez el beso se prolongó y fue tornándose más apasionado según pasaban los segundos. Jana se dejó llevar y le rodeó el cuello con los brazos a la vez que se incorporaba un poco para poder fundirse mejor con sus labios. Diego la rodeó por la cintura y la apretó contra él mientras su boca devoraba la de ella. Ahora ya no le hacía falta pensar en sus sentimientos, solo deseaba sentirse atrapada en los brazos de él. Sus besos le estaban demostrando cuanto la deseaba y ella también le deseaba a él. No importaba nada más. Él se desprendió de sus labios un instante, le acarició la mejilla, la miró a los ojos y susurró: - Te quiero - Ella no pudo más y esta vez sí, le abrazó con todas las fuerzas de su alma. Notó como a él se le aceleraba el pulso ante su reacción y sonrió. - Llevo toda la vida buscándote - susurró él. - Y yo llevo toda la vida esperándote - respondió Jana.



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